No tengo ganas de hablar de amor ni de charcos de lluvia (si los hubiera). Isabel Bono

Isabel Bono (Málaga, 1968) una poeta excepcional que aún en pausa, retoma sus fuerzas para continuar, así que a la espera de lo inesperado.

1. ¿Cuándo surgieron tus orígenes literarios?

Mi padre me traía cada tarde un cuento, aquellos cuentos troquelados de los años 60-70. Supongo que uno intenta imitar lo que le gusta, así que escribí, ilustré y encuaderné (con fixo) un cuento sobre un caracol y un oso que intercambiaban sus casas. Tenía 6 años. Un verano me regalaron un diario. Mi vida a los 9 años no daba para muchas aventuras, así que cada mañana escribía lo que había soñado (lo sigo haciendo). De adolescente quería escribir como Beckett, como Kafka. Nunca pensé que acabaría escribiendo poemas. Los poemas simplemente llegaron y no me defendí.

Isabel Bono

2. ¿Cómo definirías tu línea de creación poética? ¿Cómo describes tu poesía?  

Siempre digo, medio en broma, que mis poemas son “ombliguistas” porque hablan de mí, de cómo me afecta lo que sucede a mi alrededor. Miro donde la luz me señala y cuento lo que veo, cuento cómo me afecta lo que veo. ¿Por qué lo cuento?, no lo sé, supongo que por retener el instante, por intentar retener el instante. Mi proceso, si es que lo hay, sería estar mínimamente atenta a lo que pasa a mi alrededor y contarlo sin estridencias. No escribo poemas sentada, no “me pongo a escribir”. Camino, miro, los poemas aparecen, los construyo mentalmente y después los transcribo al ordenador. Después los podo hasta dejarlos en lo esencial. A veces pienso que escribir poemas es básicamente trabajo de jardinería.

3. ¿Ves la poesía como una estructura que coarta la creatividad?  

En absoluto, al contrario. Me siento menos libre escribiendo prosa. Supongo que habrá quien diga que hay unas normas poéticas (incluso habrá quien piense que un poema que no rime no es un poema), pero creo que las nuevas generaciones están demostrando que, si las hay, no hacen ninguna falta. El poema sólo debe tener ritmo, y el ritmo no encorseta, creo.

4. ¿A qué se debe publicar  tu obra “Pan Comido” once años tras ser concebidos?

Nunca escribo pensando que “eso” vaya a leerlo alguien, mucho menos que vaya a ser publicado. Escribo y guardo. Está bien que las cosas reposen. Si un libro es malo, sólo te lo dice el tiempo. Y si es bueno lo será siempre, así que nunca hay prisa. En “Pan comido” no podé, sólo intentaba vaciarme para no volver a escribir (estuve 7 años sin: del 2000 al 2007, que escribí “Algo de invierno”). Jamás pensé que fuera a publicarlo. Lo envié a Bartleby casi en plan sondeo, diciéndome “a ver qué piensa alguien que no me conozca de nada de este libro”. Y sonó la flauta.

5Sabemos de tu incesante labor online en diversos blogs. ¿Qué aporta el mundo social online, aparte de lo convencional a la poesía?

Soy una antigua, no tengo Facebook. Me siento cómoda en formato blog. Los blogs son una pista de entrenamiento: cada día escribes algo, haces dedos, no se te oxida el cerebro. Blog de poemas no tengo (aunque hay quien piensa que “Hojas secas mojadas” lo son) (y yo lo agradezco mucho). Lo que más aportan los blogs son lectores. Antes, si querías que te leyeran los amigos, tenías que hacer fotocopias. Cinco fotocopias, cinco lectores. Ahora, con un post puedes tener 40, 100, 500 lectores. Llegas a más gente, les llegas antes, ya no necesitas enviar tus cosas a una editorial. En un mundo perfecto, los editores se pasearían por los blogs y decidirían a quién publicar. Y es que, aunque esté muy bien la era digital y todo eso, los libros me siguen pareciendo objetos preciosos. Un libro es mi animal de compañía favorito.

6. ¿Qué nos puedes recomendar en cuestión de poesía?

Si hay algo que detesto profundamente es la retórica y a aquellos que mientras escriben parece que estén diciendo “estoy haciendo literatura”. Me gusta la poesía sin estridencias, que parezca que te estén contando algo al oído, sin más. Eso lo encuentro en Alejandro Robles, Antonio Muñoz Quintana, Begoña Paz, Carmen Beltrán, David González, Fernando Luis Chivite, Francisco Javier Irazoki, Gary Snyder, Iker Biguri, José Luis Gallero, Juan Pardo Vidal, Nazim Hikmet, Omar Pimienta, Vladimir Holan. Hay más, seguro.

7¿Crees necesaria la crítica o el compromiso en la poesia actual?

A veces pienso que escribir poemas hablando de la luz sobre las cosas o de pájaros sobre lindas ramas, con la que está cayendo, es casi inmoral. Pero lo único inmoral es no ser honesto. Escribiendo poemas o vendiendo sandías. Ser honestos en todo lo que hagamos. Si a alguien no le sale con naturalidad escribir poesía comprometida o poesía social, como queramos llamarle, y se empeña en escribirla, el resultado será un engendro ortopédico infumable, creo yo. Hasta ahora casi sólo he escrito poemas de amor. Desde hace unos meses no escribo. Nada. Sinceramente, no tengo ganas de hablar de amor ni de charcos de lluvia (si los hubiera). Me gustaría hablar de otras cosas, pero no sé. Por otra parte, y precisamente por la que está cayendo, igual es necesario que alguien nos hable de amor y de charcos de lluvia, para compensar. Yo, ahora mismo, ni lo uno ni lo otro. No sé si es agosto, que me agota del todo.

8. ¿Se agota la vida del / la poeta?

Pues no lo sé. Siempre he pensado que escribir poemas más allá de los 40 es ridículo. Pero por otra parte agradezco mucho a Gamoneda, por ejemplo, que haya seguido escribiendo. Creo que ser poeta es simplemente una manera de mirar, y mucho me temo que nos viene dado como el color de los ojos. Supongo que si nos puede el dolor, la decepción o el aburrimiento, si perdemos esa manera de mirar, dejamos de escribir. Si notara que los poemas no vienen no iría a por ellos, esperaría a que volvieran. Nunca hay que forzar nada. Además, si se agota la vida del poeta, como poeta, no pasa nada.

Poemas pertenecientes a la obra Tres poemas de “Maomegean”
 
hay días que todo me parece extraño
y yo ajena a la tierra que piso 
 
extrañas las señales de tráfico
las grúas quietas, tus palabras
 
ajena a los cambios de estación
al repentino silencio de los grillos
al agua caliente, a la lluvia
a las hojas secas mojadas
 
::: ::: ::: 
 
hay pájaros en el tejado del cuartel
hay pájaros en la torre de la iglesia
hay pájaros muertos en mi cabeza
 
hay gatos en el solar abandonado
hay gatos bajo los coches
hay gatos locos bajo mi pecho
 
hay sueños que se cumplen
hay sueños que no se cumplen
hay sueños que no he contado a nadie
 
hay palabras huecas
hay palabras como alfileres
hay palabras que nunca pronunciaré
 
hay dolor y más dolor
 
::: ::: :::
 
llevo una piedra en el coche
llevo una piedra en el bolsillo
llevo una piedra en el puño
llevo una piedra en el estómago
llevo una piedra en el corazón
 
estoy preparada
para cualquier catástrofe
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