La alienación social y el formalismo poético de los 50´estadounidenses.

No es la intención ser esnob, término ya acuñado por muchos para acusar el acto de escalar en las vertientes culturales de la literatura. Cuando la política no ofrece ninguna posibilidad de existencia y la democracia agoniza por allá donde la miremos, si te hallas excluido también del mundo laboral como es mi situación actual, veo necesario e indispensable verter nuestras lecturas a la heterogeneidad que nos ofrece la literatura y no la simple lectura de nuestra pantalla de ordenador, ni el sopor informativo televisivo.

Subway, 1950, G. Tooker

Con sorpresa, muchos críticos afirman que en los Estados Unidos de los años 50, 60 y 70 falta un pensador estilo Ortega y Gasset, es decir un pensador en general de tradición francesa y alemana, que tuvo en él su más típico representante hispánico. En relación a esto, pienso en uno de los pintores figurativos que extrañamente me llamó la atención por encima de toda la abstracción que tanto me ha llenado prácticamente hablando, George Tooker (New York, 1929-2011). Sus obras tratan de la alienación de la condición humana en la sociedad contemporánea. Una soledad en compañía, cuyo agrupamiento no coincide con lo semánticamente real, que sería una relación con lo social. Los numerosos personajes de sus cuadros parecen muertos, congelados, sustraídos, extintos, sus ojos vacíos parecen mostrar la cruda realidad, como estar en un más allá donde el pánico es diario, un mundo orwelliano que trasciende e invalida lo humano.

George Tooker

Sus pinturas son una evocación austera de la alienación social y la conformidad intelectual de la década de los 50, aunque también la actual ofrece una falta de confianza absoluta y una brillantez tan cegadora que nos frustra al ver que la política se aleja cada vez más a Babel, mientras nosotros seguimos como podemos en la tierra, que tan hostil nos la quieren hacer ver. La incomunicación, la ausencia de contacto, de apoyo…

George Tooker

En estas décadas, en EEUU la poesía arranca desde un formalismo que retoma la estética de años anteriores. Las universidades toman y asumen el papel difusor de la estética poética. Bajo este arranque tan despegado de lo humano, tan alienante y por ello quizá tan formalista, hermética y sabia se agrupan Theorodore Roehtke (1908-1963), con una poesía caracterizada por un uso de  la infancia y de la naturaleza con una escasa y cuidada producción, Elizabeth Bishop (1911-1979), pintora y poeta observadora que describe de forma fría, distante y realista la figura humana y animal. Randall Jarrell (1914-1965), es quizá el máximo exponente de esta corriente formalista aunque se aleja bastante con su conflicto interior del puro formalismo de los anteriores. Conflicto originado en la vivencia de la guerra, como aviador, mostrándola crudamente. Por supuesto no hay que olvidar a otros poetas de este movimiento formalista y reflexivo estadounidense como Nemerov, Wilbur o Merill, poetas más formalistas, con una poesía más ordenada y con un lenguaje pulido y claro, que los primer.os, rozando el virtuismo de lo equilibrado y sereno, generalmente con un motivo de descripción, casi narrativo.

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